TEMA 6: EL FUTURO

I WANT TO BELIEVE


Un corazón sonrosado quiero cenar si mañana me voy a morir. Un corazón sonrosado quiero cenar si faltan cien años para el fin. Y dejar de gotear. Dejar de latir. Dejar de gritar. Hacia dentro. Entre tantas deudas mal enunciadas. Entre toda esta tristeza que no termina de irse por el desagüe. Pierna abajo viajan las cuentas que no cuadran, las tildes mal puestas, el dolor intermitente que, por mucho que rece, no cesa. // Creo. En el presente que se desangra. En los labios que lo contienen. En este tic, tac que amaga con salirse de mi pecho de quinceañera. Veo. Esa imagen rota, de ti, e imagino un mañana que nos sostenga. Tal vez. Que nos comprenda. Al fin. Que no se pierda entre todos estos eclipses traviesos, sangrantes; crueles y tiernos. Pienso. En la posibilidad de una isla. En quererte hasta el hueso. En la realidad transitiva que es amar. A lo bestia. Sin piedad. // Siento. Que no hay futuro en este parque de atracciones. Que querer no es cambiar una montaña rusa por un ramo de flores. Muertas. Que el dolor que nos define poco tiene que ver con esta herida abierta de la que se alimentan carroñeros que no pueden -no quieren- esperar. A que nuestros cadáveres se descompongan. A que el recuerdo quede hecho cenizas. A que nos abrasemos en este rojo amanecer que amenaza con no acabar. Nunca. Nunca. Nunca. Jamás.
La Otra

Miedo

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– Estoy preocupado

– ¿Por qué?

– Porque me da miedo que esta noche en el restaurante me sirvan una sopa con una mosca

– ¿Perdón?

– ¿Y si me pido una sopa y aparece una mosca flotando?

– Pero ¿ya sabes lo que te vas a pedir?

– No, pero si pido una sopa, ¿cómo sé que no encontraré una mosca dentro?

– Mientras haya preocupaciones habrá esperanza

-Vaya frase de mierda que te acabas de inventar.

– Sí.

(Anita TV)

Oración para el futuro

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¡QUE ALEGRÍA NO VOLVER A VERLAS! Las cucarachas que salen por todas partes cada tarde a las seis. Me marcho, otra vez, porque me marcho de todas partes: ha acabado el curso y el contrato. Se acaba el presente.

De repente.

Como si pasase un cometa, todo el mundo se ha quedado congelado el día antes de mi partida, con 22 años, con el pelo teñido o simplemente con pelo. Delgados aún. Buscando trabajo, leyendo “Rayuela” y preparando un examen. Les condeno a quedarse así para siempre: cierro la puerta de la habitación y se quedan así parados. Mis amigos, figuritas.

Me subo en un avión con aire de nave espacial. A mí personalmente me da miedo el sitio al que voy.

Me da miedo que en el futuro desaparezcan las selvas.

Cómo los animales salvajes, mis amantes se han hecho más astutos. Se esconden. Antes caían cada noche en las trampas, el bosque no terminaba nunca. Ahora es más difícil encontrar aunque sólo sea uno. Mis bestias oponen sus propios problemas y su desarrollada inteligencia. Nuestros encuentros son un cubo de rubick, al que jugamos desesperados (cada vez más) pero empleando complejos algoritmos, eso sí. Mis amantes. Me preocupa el día que se extingan, que se vayan, que me priven de su compañía.

También me dan miedo los pelos que veo caerse en mi baño.

La calvicie en si misma me da igual, pero me preocupa que sea sintomatológica de cosas peores: me da miedo que anuncie el sexo de los japoneses y la mayor frecuencia del sufrimiento.

En el futuro seré un hombre feo – de ello no me cabe la menor duda – y me veré obligado a invertir crecientes esfuerzos en mantener mi grado de envilecimiento en niveles aceptables para conservar la ilusión de una juventud imprescindible: “es Usted un 5% más feo que el año pasado” dirán las aplicaciones de monitoreo de edad para SMART PHONES que leerán las facciones y calcularán estadísticas sobre la pérdida de elasticidad, las arrugas, las manchas, la masa muscular.

Todo lo veremos en términos estadísticos y clínicos. Todo el mundo será feo, eso es lo bueno, que la belleza media de todo habrá descendido y nos dará igual, porque todo será más feo, y más caro.

Me da miedo el sufrimiento, y una vida orientada a su prevención.

Cómo ordenadores viejos, habremos acumulado demasiada información en la retina y no podremos – no nos atreveremos  a eliminarla. Mejor la experiencia que la inocencia, en ella nos sentimos seguros.  Y la seguridad en un futuro en el que el sufrimiento se hará más frecuente es un aspecto a tener muy en cuenta.  Tendremos más miedo y nos agarraremos a lo confortable y a lo conocido. Si rodase una película del futuro la rodaría en Monte Carmelo: futurismo de gres y mueble castellano.

En el futuro estas cosas darán igual, habrá problemas importantes y aburridos. Leeré esto y diré qué tontería, qué mal escrito.

Qué sofoco.

Amén.

(Paqui, la del cuarto)

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